sábado, 10 de abril de 2010

El manuscrito florentino


De Blanca Mart y Aldo Alba
A veces, cuando uno lee un libro piensa, “¿por qué no escribí esto? Es ágil, original, divertido, sincero, ameno…” Y entonces se continúa con la lectura, cautivada.
Tal es el sentimiento de pertenencia al leer El manuscrito Florentino que recorro con suavidad las líneas de la sugerente prosa de Blanca y Aldo, de Aldo y Blanca. Y es que escrito así “al alimón”, es difícil saber qué ha escrito cada quién. Sin embargo hay cierto reconocimiento en algunas imágenes como la de: “El mar es de un solo azul”, lo cual me transporta.
Alquimia, trolls, hombres lobo, cinocéfalos y criaturas reales, sublunares, espaciales, férreas, comprenden este universo florentino que se esconde tras el nombre de ser un documento recuperado. Y se ha recuperado.
Sigo leyendo. Esta historia de amor resuelta por un manuscrito, a la manera de Umberto Eco y su Nombre de la rosa desata mi curiosidad. Así, curiosamente, como la/el autor/a me estremezco al leer: “Mi país canta bajo la nieve esperando el rumor del sol”.

Se dibuja en mis labios una sonrisa al leer el nombre “Elisenda”, el cual era el de la Reina, Elisenda de Montcada, quien gobernara aún desde el Monasterio que le fue construido en Sarrià para pasar sus últimos días cuidada por las monjas. Curiosamente esa Reina Elisenda fue la última esposa del Rey Jaume II. Vivió en el Monestir de Pedralbes durante los 37 años que fue viuda.
Prosigo. Y me vuelvo a estremecer frente a la descripción que hace la tal Elisenda del caballero enigmático: Leonardo: “Es el hombre más hermoso que he visto nunca”. Así que me dejo caer en mi mullido sillón para dejarme llevar por el ritmo, la cadencia, la sensible armonía de lo que estos dos escritores, amigos míos, han querido plasmar.
Se nos avisora una conflagración lírico-poética-estelar-arcaica, es decir, la mezcla de dos talentos literarios encarnizados en conspirar contra el pobre lector. Pobre e incauto, pues está desprovisto de todo ropaje. Los escritores, Blanca y Aldo / Aldo y Blanca, se encuentran al acecho y en plena actitud de combate.
Se nos habla de tiempos modernos: cartas fechadas en 1997. Se nos refiere a documentos antiguos y aun arcaicos, con descripciones …zoicas y fauna ya inexistente.
Se nos dice que la autora del manuscrito no cree en las brujas pero, ¿habrá quien no crea en ellas en esos tiempos ancestrales? Y aún ahora: ¿hay quien no cree en ellas? Se nos dice algo también, por medio del poeta ratonil, Federico Montsegur (de cuya identidad creo tener una vaga idea), quien escribe desde México, Distrito Federal. La fecha es atestada a la manera más cortés de una carta.
Me llaman la atención las misivas, salpicadas con ingenuos, dulces, amorosos versos, los cuales son de una delicia conmovedora. Han sido muchos los permisos/licencias que este par de autores B A /A B nos han cifrado; van desde las armonías y los arpegios hasta frases tan audaces como coloquiales, tales como: “empinar el codo”.
Fechas y lugares tan antiguos como reales, tan precisos como cuidados; nombres conocidos o aludidos. Me ha fascinado encontrar a Ramon Lull por las páginas de este Manuscrito en el que hay de todo: amor, placer, búsqueda, anonimato, brujas y dragones, temores, e incontables registros de toda clase. La alquimia forma parte sustancial de este libro y, claro, forma parte de todo en la vida, ¿verdad? Hay una verdad contenida, resuelta, enloquecida. La verdad hecha literatura, encerrada en cada capítulo con imágenes altamente retóricas: “…todo está en la tierra y en la palabra. En las horas que pasan. En la arena que cae. En la luna acercando y alejando el mar.”
Un “Leonato” nos habla de dos jóvenes separados en el tiempo, la mujer catalana y el hombre florentino. Y ambos buscan el conocimiento, tal como en “El nombre de la rosa”, donde el conocimiento crea la ficción.
Elisenda, cuyos ojos hechos de paz nos permite conocer su entorno, entrar en su vida y adueñarnos de una parte del sortilegio, perfila su participación en este jugoso recuento de historias y provocaciones.
Blanca y Aldo /Aldo y Blanca han escrito una reseña, un recuento glorioso de amor, misterio y secretos compartidos con el lector; han hurgado en el más allá, en el pasado remoto, en el futuro y en sus propios sentimientos, conocimientos, emociones y vivencias plasmando un documento único que cumple su cometido: capturar al lector y manipularlo a su antojo. Nos llevan de un lugar de la frontera catalana hasta el peregrinaje de Elisenda a París, nada podría ser más sofisticado.
Como buen manuscrito, siempre debe haber un monje; así que El Manuscrito Florentino no podía quedarse atrás, así, plasma la imagen tanto literaria como pictórica con lo cual queda acotada la participación monacal en esta aventura medieval. Monje y alquimista tras el conocimiento se arriesgan a la hoguera, lo cual no nos sorprende en estos momentos de la lectura.
Existe, además, el ateísmo que siempre rodea las obras escritas en aras de la iglesia.
Los diálogos que se mantienen a lo largo de la obra son de gran dramatismo. B A / A B, los autores, juegan con el subconsciente del lector.
La no-linealidad de la historia es un juego más de los autores, lo cual enriquece, con picardía, las múltiples lecturas. Hay una suerte de circunloquio que nos seduce, es, a la manera de Roland Barthes: la excitación que se produce en la esperanza de conocer el fin de la historia, como señalaría el semiólogo francés en El placer del texto.
Una historia que se persigue mediante otra historia. La obra contenida y la obra que contiene. Ambas giran en torno del lector y ya sea éste ingenuo o experimentado, querrá saber más y más, indagar, crear sospechas. Todo este artilugio es mágicamente preparado por B A / A B.
El viaje de Elisenda al futuro es de una inverosimilitud graciosa y apasionante.
El estilo… hablar del estilo de El Manuscrito… es un poco difícil. Algunas ocasiones pareciera el estilo del cuento maravilloso: “El señor del castillo había salido de cacería…”; otras, dada la no linearidad de la historia, reconocemos la castiza segunda persona del plural “vosotros”, empleada delicadamente: “Hijos míos, estáis benditos… entrad sin temor…”.
Misterios, espejos y reflejos, lunas y quimeras, cartas e intersticios que premiten a veces ver y otras soslayar el entretejido ramaje que en un bosque siniestro e intrincado, plagado de lucubraciones y alusiones adereza los ingredientes de los que se ha nutrido esta pareja de poetas-relatores.
En medio de cartas fechadas, diálogos exorbitantes; referentes vacíos, emociones cargadas de sentido, conflagraciones, dolor y tristeza, risas y temores, esta extraña pareja: Elisenda de Arán y Leonardo Marsil (con seguridad los nombres también son enigmas), florecen en su amor en la antigua Florencia.
En un ir y venir, los verdugos, inquisidores de verdades falsas, cubren de tormento el exiguo, exánime, despiadado lecho de los enamorados.
Y finalmente los lugares comunes, nada poético pero sí afortunado en el Sanborn’s del encuentro, con demonios aliados y juramentos de azulejos azules, estos dos enamorados del amor, del arte, de la letra, de la palabra hecha canto, se han dado cita en este Florentino Manuscrito que mucho tiene de cierto y nada de veleidad.
Larga vida y salud a los escritores palaciegos, medievalescos, futuristas, mezozoicos, larga vida, amor y salud les deseo a B A / A B desde esta lejana Australia.
Con gran cariño, Susana

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